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dilluns, d’octubre 12, 2009

Qui va escriure l'Escola Moderna?

Sobre la autoría de La Escuela Moderna.
Uno de los hechos más significativos e interesantes en relación con el tema Ferrer, lo planteó el profesor Delgado en su reconocido y todavía indispensable libro sobre la Escuela Moderna [DELGADO, Buenaventura. (1979). La Escuela Moderna de Ferrer i Guàrdia. Barcelona: CEAC. Esta propuesta inicial podemos consultarla en las páginas 15-17. Sin embargo, no se profundiza más en el tema ni tampoco se insiste durante el libro en aportar más datos al respecto.] Una cuestión, por cierto, un tanto extraña para el talante profesional y la forma de trabajar e investigar de Delgado, más bien meticulosa y centrada en los hechos contrastados y poco dada a elucubraciones, con o sin fundamento. Se trata, ni más ni menos, del cuestionamiento de la autoría de la obra donde Ferrer explica el funcionamiento de su escuela: La Escuela Moderna. Póstuma explicación y alcance de la enseñanza racionalista [FERRER GUÀRDIA, Francesc. (1978). La Escuela Moderna. Póstuma explicación y alcance de la enseñanza racionalista. Barcelona: Tusquets editor.]
Anselmo Lorenzo Asperilla (1841-1914), en el prefacio que publicó en la obra del pedagogo catalán más prestigioso, había afirmado que La Escuela Moderna fue “escrita” durante el verano de 1908, en Amélie-les-Bains. Hipotéticamente, Ferrer se había desplazado a la localidad francesa de los Pirineos Orientales para recuperarse del encierro sufrido a raíz del famoso atentado de Mateo Morral en 1906: “Allí, Ferrer, en consideración a cuanto se había fantaseado por amigos y adversarios sobre el significado de la Escuela Moderna durante la campaña de su liberación, formó el propósito de escribir una Memoria explicativa de su significación”. Según relata Lorenzo, el fundador de La Escuela Moderna le “(…) invitó a que le acompañara, a lo que accedí gustoso (…), y concertamos propósitos de continuación aprovechando las lecciones de la experiencia.” Finalmente, Lorenzo reconocía que la llamada del alellense no había sido una invitación sólo al sosiego y la contemplación sino más bien resultó ser un agradable requerimiento de trabajo y propaganda: “Para la realización de su propósito requirió mi colaboración” [LORENZO ASPERILLA, Anselmo. (1978). Prólogo a la edición original, especialmente páginas 51-59. En FERRER GUARDIA, Francesc. (1978). Obra citada. Las citas son de la página 57. Este hecho también había sido notado por Vladimiro Muñoz, aunque solamente consignaba las palabras del prólogo, sin interpretar nada más. MUÑOZ, Vladimiro. (1974). Antología ácrata española. Barcelona: Grijalbo, página 58]. Sin embargo, no hay que atender demasiado a las palabras del toledano cuando aducía que su producción escrita en Amélie-Les-Bains fue exclusivamente el prólogo referido, que, por otra parte, nunca pensó que se publicaría junto a la obra de Ferrer. Se trataba más bien de una modestia mal disimulada, que de una verdad fáctica [En aquel medio, en presencia de Ferrer y oyendo su palabra inspirada por el más generoso altruismo, sentí aquellas emociones que asaltan el sentimiento y el pensamiento, y mientras él bosquejaba su Memoria yo escribí las siguientes líneas, que no pude presumir habrían de incluirse en el prefacio de la obra póstuma de Ferrer”[LORENZO ASPERILLA, Anselmo. (1978). Prólogo a la edición original, página 57]
Sea como fuere, hablar de La Escuela Moderna como obra “escrita” original es un tanto exagerado, puesto que está claro que el librito-memoria está constituido por diversos fragmentos y artículos que ya habían sido publicados. Como Delgado recogía en su investigación sobre Ferrer, el pedagogo catalán redactó la mitad solamente de las 255 páginas del libro publicado por Maucci: “De los XVII capítulos de que consta la obra, sólo cuatro, y no completos, fueron escritos después de la clausura de la E, Moderna.”[ DELGADO, Buenaventura. (1979). Obra citada, página 16] Concretamente, el capítulo primero (escrito en la Cárcel Modelo de Madrid), el segundo (no indicaba Delgado, por no tener constancia, la fecha en que se elaboró), el noveno (escrito en mayo de 1908) y el decimoséptimo (también escrito en la Modelo). Estos datos, de forma muy lógica, llevaban al catedrático de la Universidad de Barcelona a preguntarse por la razón de la no publicación de la obra en vida de Ferrer: “La ayuda que éste pidió a A. Lorenzo para la confección de la obra –nadie conocía como él la Escuela Moderna desde su fundación y las publicaciones que éste había lanzado-, la heterogeneidad de autores y materias tratadas en este libro y la diferencia de fechas en que estos trabajos fueron escritos y publicados, además de lo poco que Ferrer aportó después del verano de 1908...” le llevaban a concluir que La Escuela Moderna se debía más a la mano de Lorenzo que a la de Ferrer. Añadía todavía como razón en favor de esta proposición la falta de coherencia y de hilo conductor en las materias tratadas. En todo caso, no debemos olvidar que la obra es una “composición” de textos ya escritos, no una narración original, así como que la autoría de los textos está ampliamente fundamentada [Y, en cualquier caso, se puede consultar en DELGADO, Buenaventura. (1979). Obra citada, página 16, 17 y 18, nota 38]. Tenemos, pues, buenas razones para pensar que la composición de la obra póstuma de Ferrer fue realizada en colaboración con Anselmo Lorenzo, un hecho que, probablemente, habría aclarado el propio Lorenzo de haber podido acabar el tercer volumen de su importante obra El Proletariado Militante.
PD. Avui em trobo encara foça refredat. He anat (tasca de pare) a la fetsa de Cavall Fort (es mereix un post o dos), però el promès es deute. El següent missatge el posaré el dijous, si tot va bé. Demà és 13 d'octubre. Visca l'Escola Moderna!

diumenge, d’octubre 11, 2009

Ferrer i Guàrdia va escriure l'Escola Moderna?

Francesc Ferrer i Guàrdia, Anselmo Lorenzo y La Escuela Moderna.

Albert Esteruelas Teixidó
María Teresa Valbuena de la Fuente

Hace algunos años, bastantes ya, el profesor Delgado, en una de sus clases de doctorado, nos proponía realizar un estudio sobre alguno de los importantes traductores de la Escuela Moderna de Francesc Ferrer i Guàrdia. Se trataba de optar o bien por Cristóbal Litrán o por Anselmo Lorenzo. Por aquel entonces, la pura intuición nos llevó a decidirnos por el estudio de la figura emblemática del masón y anarquista toledano.
Fue una de esas decisiones que se basan más en la premura que en el conocimiento del tema. El profesor Delgado sentía una admiración importante y sincera por esta significada figura del movimiento obrero español. No fue difícil descubrirlo. En una de esas tardes inolvidables y apacibles de estudiante, haciendo honor a su cátedra, impartió en su despacho, a un reducido grupo de alumnos, una de esas clases magistrales a la que tenía acostumbrado a los jóvenes interesados en escucharle. Fue un hecho definitivo que suscitó nuestro interés por el tema.
Poco a poco fui descubriendo que tras la risa socarrona de nuestro querido profesor se escondía un volumen de trabajo desalentador. Así es que pedí soporte a una amiga mía a quien el personaje le resultó tan interesante que su implicación acabó por convertirla en el motor del estudio. Ese junio y julio recorrimos varios archivos de Barcelona y, por esas casualidades de la vida, en agosto, mientras se jugaban las medallas olímpicas en Barcelona, pudimos consultar la colección completa del diario menorquín El Porvenir del Obrero, una publicación dirigida por Joan Mir i Mir y en la que, como en tantas otras, eran frecuentes las colaboraciones de Lorenzo. El mahonés Mir i Mir había sido estudiado por el historiador menorquín Josep Portella, a quien pudimos conocer y quien nos ofreció algunas de las cartas que Anselmo Lorenzo le había enviado a Mir i Mir y que él había coleccionado pacientemente. La de Lorenzo y Mir i Mir se trataba de una relación de amistad entre dos anarquistas separados por un mar y unos cuantos años. Viejo y achacoso, uno; joven, cambiante y dubitativo, el otro. Poco a poco y de manera contundente, la figura de Lorenzo se agigantaba.
El caso es que quedamos tan fascinados por la figura del toledano que la redacción del pequeño trabajo quedó en un segundo término, sobrepasado ampliamente por la recopilación de material. Sólo pudimos dar a conocer una pequeña parte de nuestra labor. Es nuestro sino, tampoco en el presente trabajo podremos plasmar narrativamente toda aquella investigación, sólo el caudal biográfico de Lorenzo Asperilla da para un centenar de páginas; si añadimos el bibliográfico, el río se desborda irremisiblemente.
Vamos, pues, a pergeñar el papel de este viejo anarquista en la obra y vida de Ferrer. En primer lugar, nos referiremos a la autoría de la obra La Escuela Moderna, pasaremos luego a analizar la relación personal entre ambos y, finalmente, nos referiremos a la tarea desarrollada por Lorenzo en la institución educativa de Ferrer.

Pròxim post: Sobre la autoría de La Escuela Moderna (I)