divendres, de febrer 11, 2011

Aniquilar l'Estat? Egipte

Donat el caire dels esdeveniments a Egipte em permeto portar a col.lació unes reflexions que vaig publicar fa uns quants anys. En blau he posat el més rellevant del tema. Penso que es pot entendre.

La aniquiliación del Estado
Resulta ya clásico el análisis que de la ética política hace M. Weber, especialmente la división que establece entre la ética de los principios, a la que el hombre de acción no se puede atener, y la ética de la responsabilidad o de las consecuencias. No obstante, los principios no pueden ser rígidos ya que en ese caso sólo se pueden mantener a costa del terror, o lo que es lo mismo, instaurando un régimen totalitario. ¿Cómo, entonces, pretender construir la revolución sobre la sospecha?
Ateniéndonos a la realidad histórica de las utopías sociales, no podemos obviar la distancia existente entre las ideas o proyectos propuestos desde la teoría, por una parte, y las realizaciones prácticas, por otra, que, en el caso de la URSS de Stalin trajo el Gulag y el Estado totalitario. No en vano en la URSS se olvidó, por influencia de Lenin, que el marxismo en su última fase debía implicar la desaparición del Estado mismo, de manera que la revolución sólo sirvió para fortalecer un régimen que se encontraba en una situación agónica. Ya Marx lo advirtió en El 18 brumario de Luis Bonaparte (1852): "Todas las revoluciones no han logrado más que hacer más perfecta la máquina gubernamental en lugar de romperla. Los partidos que, cada uno en su turno, lucharon por el Poder, veían en la conquista de este enorme edificio del Estado el botín ofrecido al vencedor". En la misma sintonía, Fernando Sabater, en el original recorrido histórico-filosófico que representa su Panfleto contra el Todo (1978), se dedicó a demostrar la futilidad de toda pretensión de aniquilar el Estado.
Antes que Marx[1], los anarquistas ya habían vaticinado que la dictadura del proletariado no llevaría más que a sustituir una clase de opresores por otra y, en consecuencia, supieron detectar la imposibilidad de que el Estado se autoinmolase. Especialmente, Proudhon, en su obra La capacidad política de las clases obreras, pone de manifiesto el peligro de subyugar el sujeto al estado, puesto que, de ser así, se generaría un estatismo del que, para escapar, se debería poner un marcha una federación libre de asociaciones en cooperación.
Con idéntico acierto, los anarquistas dedujeron que la aplicación del colectivismo a gran escala generaría un capitalismo de Estado y no una extinción del mismo.
En el plano teórico, el anarquismo supo apreciar con igual encomio la necesidad de abolir toda autoridad, poder y dominación gubernativas, así como la ley y la propiedad privada, y no exclusivamente por fundarse estas últimas en las desigualdades económicas, sino por ser un arma de clase y la representación del mal absoluto. Para los libertarios, sin embargo, la desigualdad no se había generado por violencia ni autoritarismo ni por la desigualdad económica de explicación marxista, sino por la connivencia de una mayoría basada en la ignorancia. Este abolicionismo sin paliativos morales se erige en la base sobre la que se construye una nueva sociedad, es decir, se concibe la ética como peana de un nuevo orden social.
El repudio ácrata del estado, cuyo objetivo es oprimir, llevó a los anarquistas igualmente a repudiar la política, que no sólo es corrupta sino que también corrompe y, consecuentemente, a repudiar la ley, por estar destinada a preservar la propiedad privada, generadora de desigualdad y dependencia. Consideran los anarquistas que la ley tiene como función la coacción y la determinación del juicio moral o, si los observamos desde el prisma de los estadios morales que años más tarde definió Kolhberg, tratan de promover el pensamiento moral máximo en un estadio del nivel quinto, evitando la reflexión ética en un estadio moral seis.[2] En conclusión, la ley se nos aparece como un obstáculo al progreso moral de los pueblos.
Aunque Kolhberg es ampliamente posterior, W.Godwin, a principios del siglo XIX y partiendo de su creencia en el progreso y la capacidad de perfección humana de las personas, llega a una conclusión similar cuando contrapone el avance del hombre en el terreno técnico y científico al atraso moral de las sociedades. No encontrando otra respuesta, este autor explica la explotación y la miseria como consecuencia de la existencia del gobierno y de las organizaciones políticas. De esta manera, se muestra partidario de Rousseau: el hombre es bueno por naturaleza, pero la sociedad, que ha sido corrompida por el gobierno, lo corrompe a su vez.
En muchos sentidos, el marxismo que hemos vivido en el siglo XX no ha servido más que para alejarse de Marx y del propio socialismo; así como para reforzar socialmente tanto las democracias occidentales como para justificar dictaduras variopintas y nefastas. Llegados a este punto no podemos evitar pensar que lo no se podrá perdonar a los estados es la aniquilación de la ilusión y el sueño que impulsaba la sociedad, como el propio E. Cioran escribía en su Historia y Utopía (1960): "El reproche capital que se puede dirigir a vuestro régimen (el comunista) es haber arruinado la utopía, principio de renovamiento de las instituciones y los pueblos". 
A. ESTERUELAS. (2001). Educación moral y movimientos políticos (Anarquismo, socialismo y totalitarismo). A Historia de la educación en valores. Bilbao: Desclée de Brouwer.
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[1] La extinción del estado y la nueva sociedad que evoluciona a partir de la dictadura del proletariado la propuso en su escrito La guerra civil en Francia de 1871.
[2] Es decir, los estadios quinto y sexto establecen la dicotomía de pensar según la ley o según la propia conciencia.

6 comentaris:

Clidice ha dit...

Em sembla una anàlisi molt lúcida i em reafirma en la sensació que no em puc treure del cap aquests dies: canviar-ho tot per deixar-ho igual.

Criteri ha dit...

Aquest clarividen escrit m'ha servit per a recordar també una expresió,que no sé si agradarà els dogmàtics marxistes: lo de "capitalisme d'estat"

Brian ha dit...

El socialisme "real" ja sabem com va acabar, però és que l'anarquisme ni tan sols sabem com començarà! :-|

Psico_lògic ha dit...

Evo, Hem sembla molt interessant!
Penso en que el futur ha d'ésser una barreja entre futur i el passat, els poders que surten i el que entren...
Un exemple clar:
Nelson Mandela, en un assaig sobre Gandhi, explica la influència del pensament gandinià i la seva influència sobre la seva política a l'Àfrica del sud:
« El busca un ordre econòmic, una alternativa al capitalisme i al comunisme, i ho troba en la sarvodaya basada en la no-violència (ahimsa). Rebutja la supervivència del més apte de Darwin, el laissez-faire d'Adam Smith i la tesi de Karl Marx de l'antagonisme natural entre el capital i el treball, i es concentra en la interdependència entre els dos. Creu en la capacitat humana de canviar i utilitza la satyagraha contra l'opressor, no per destruir-lo, sinó per transformar-lo, per tal que acabi la seva opressió i uneixi l'oprimit en la investigació de la veritat.
Nosaltres, a Sud-àfrica, hem establert la nostra nova democràcia de manera relativament pacífica sobre la base d'aquests pensaments, que hàgim estat influenciats o no directament per Gandhi.
Penso que per aquí anem bé...

Anònim ha dit...

Saludos cordiales desde el Renacimiento Abrazos.

Evocacions ha dit...

Clídice, és exactament el que volia dir aleshores.
Criteri, capitalisme d'estat, i tot el que segueix. Ben mirat, l'esquerra radical que conec no són més que neoliberals d'esquerres.
Brian, certament, en aquest escrit deixava millor l'anarquisme, però no sóc, pròpiament, anarquista, malgrat les fotos del blog. Però caldria recuperar molts valors anarquistes. Ep! l'autogestió sí va ser posada en pràctica durant la guerra.
Psico, veig que tens posades les pile fet que unit a la teva capacitat "humana" et farà arribar allà on vols
Anònim, saludus i una mica de manierisme.